La historia de Eros y Psyche ( Del Amor y el Alma)

En las historias mitológicas de la antigua Grecia, Afrodita, era conocida como la diosa de la belleza y del deseo sexual, siendo de entre todas las diosas del Olimpo, por supuesto, la más bella.
Pero hubo un tiempo, donde los reyes de esa nación, osaron proclamar a los cuatro vientos que su hija menor, Psyché, era tan bella que superaba con creces a la mismísima Afrodita. La diosa por supuesto, estaba muy por encima de los comentarios de los humanos y no hizo caso a esa blasfemia, hasta que el pueblo griego y de sus alrededores empezaron a visitar a la princesa, dejando de ir a los templos erigidos en favor de Afrodita.

Ayyy.... aquello si que no podía tolerarlo la diosa, y envió a Eros, su propio hijo, dios del amor, para que hiriera a Psyché con una flecha en el corazón y se enamorara del primer ser mísero y desgraciado que pasara, teniendo así un matrimonio infeliz y desdichado.

El tiempo pasó, y Psyché creció convirtiéndose en una bellísima jovencita que era muy infeliz porque todo el pueblo la adoraba como una diosa, y ningún joven osaba acercarse a ella para proponerle matrimonio. Mientras sus dos hermanas mayores ya estaban casadas y tenían casa propia, ella seguía en el hogar paterno, desdichada y sola.
Viendo la soledad de su hija, el rey empezó a preocuparse y preguntó al oráculo de Apolo que debía hacer con su hija menor. La respuesta fue aterradora, pues este le dijo que debía conducir a la muchacha, vestida de novia hasta la cumbre de una alta montaña, para entregarla a su esposo, quien no sería un hombre mortal, si no un monstruo venenoso. Sus padres obedecieron al oráculo, y entre lloros condujeron a su hija a la montaña, donde la abandonaron a su suerte, sabiendo que estaba siendo castigada por Afrodita.
Mientras Psyché esperaba temerosa, una brisa suave empezó a mecer sus vestiduras hasta que Céfiro, el viento del oeste, la alzó entre las nubes llevándola hasta la puerta de un precioso palacio de cristal. Aunque el palacio estaba completamente vacío, manos invisibles y voces gentiles le servían cada día los mejores manjares, las mejores vestiduras y las más ricas joyas para que no le faltara de nada, mientras tocaban dulces melodías en su honor.
Una noche, en mitad de la oscuridad, una persona no un monstruo, la despertó. Era su esposo, al que no podía ver a causa de la negrura del cielo. Desde aquel momento, él venía cada anochecer para amarla, aunque desaparecía siempre antes del alba. Así, Psyché empezó a enamorarse irremediablemente de alguien a quien no había podido ver jamás.

Los meses pasaron y su esposo, una de las noches, advirtió a su mujer que sus hermanas la estaban buscando, pero que no debía hacerles caso. Pero a la mañana siguiente, cuando ella escuchó sus llantos mientras la llamaban, pidió a Céfiro que las alzara al palacio, pues deseaba compartir con ellas su estado de buena esperanza. Cuando sus hermanas vieron las ricas vestimentas, sus joyas y todos los tesoros del palacio, la envidia cubrió sus corazones y los celos hablaron por su boca:
"¿Qué aspecto tiene tu esposo?" - Le preguntaron con tal insistencia, que Psyché tuvo que admitir que jamás le había visto. A lo cual sus hermanas, viendo una posibilidad de arruinar su matrimonio, le dijeron: "¡¡Es un monstruo!! Por eso no se muestra ante ti. Psyché, ahora estás embarazada y todos saben que el manjar predilecto de los monstruos son las mujeres encinta. Sólo está esperando a que el bebé crezca para comeros a los dos. Tienes que matarle antes de que eso ocurra".
Y Psyché confiando en sus hermanas mayores se creyó esa historia y aquella noche, cuando su esposo se quedó dormido, encendió una lámpara para ver su rostro, encontrándose con el bello cuerpo y la preciosa cara de Eros, hecho hombre, por supuesto mucho más apuesto de lo que podía llegar a ser cualquier mortal.
Al verlo, la muchacha no pudo más que intentar besarle, con tan mala suerte que se pinchó un dedo con una de las flechas que descansaban junto a su esposo, haciendo que se enamorara locamente de él, un amor que perduraría por siempre jamás. Al intentar besarle de nuevo, una gota de aceite hirviendo de la lámpara, se deslizó cayendo sobre el hombro de Eros despertándole. Él, asustado, alzó el vuelo desplegando sus alas, para dejar a su esposa allí, pero ella se aferró a él con tanta fuerza, que Eros se la llevó volando, hasta que las fuerzas de Psyché flaquearon y cayó en medio de un bosque, quedándose sola, pues Eros debía volver con su madre para que le curara la herida.
En su camino, la muchacha desdichada y abandonada, intentó ahogarse en un río, pero este, reconociendo a la esposa de Eros, no se lo permitió. Desesperada pidió ayuda a la diosa Hera, (diosa del amor conyugal), y a la diosa Démeter, (diosa de la fecundidad), pero ninguna de las dos quería ofender a Afrodita y le negaron su ayuda.

Cuando Afrodita se enteró que Eros, en vez de atormentar a Psyché, se había enamorado de ella y le había dado un hijo, enfureció de tal manera que volcó toda su furia en la muchacha, y cuando la encontró lo primero que hizo fue azotarla, aunque su venganza se compondría de cuatro trabajos que ella debía realizar, aunque la diosa sabía que ningún ser humano podría llevarlos a término.

En primer lugar, cogió varios puñados de todas las semillas existentes, los mezcló entre sí y los arrojo al fuego diciéndole que debía seleccionarlos antes del anochecer, o que si no, sería nuevamente fustigada. Psyché se puso a llorar sabiendo que ese trabajo era imposible, pero entonces una legión de hormigas que pasaba por allí, dijo: La esposa de Eros necesita nuestra ayuda. Y comenzaron a seleccionar los granos, estando todos separados y ordenados en pilas al anochecer.

Afrodita llena de ira y sabiendo que alguien la había ayudado, le dijo:
Tu segundo trabajo será traerme un puñado de lana brillante de las ovejas doradas que pastan en el campo.
Parecía sencillo, pero a la mañana siguiente, cuando Psyché llegó al campo, se encontró que esas ovejas tenían largos y afilados cuernos. Iba a cruzar el arroyo para llegar a ellas cuando un junco que estaba cerca del agua le dijo: ¡Cuidado! Las ovejas son muy violentas y te embestirán y si sobrevives, te morderán con sus dientes venenosos. Sólo son peligrosas mientras el sol brilla pues sus rayos reflejados en su lana las irrita, si esperas al anochecer, ellas estarán calmadas, y podrás coger los puñados de lana que han quedado atrapadas en los espinos.

Aquella noche, Afrodita se enfureció aún más cuando Psyché apareció con el puñado de lana, y le puso un tercer trabajo:
Deberás ir hasta el río Estigia, el río de la muerte y traerme un poco de agua, pero quiero que el agua sea del centro, no de la orilla.
Cuando la muchacha llegó al río, vio que la intención de Afrodita era matarla, pues este estaba flanqueado por dragones feroces. Entonces contempló la idea de volver a quitarse la vida y cuando estaba a punto de echar a correr hacia los dragones, el águila de Zeus la vio, y recordó que Eros la había ayudado en una ocasión, y arrebatándole la jarra de las manos de la muchacha, se dirigió al centro del río, la llenó de agua oscura y se la entregó a Psyché.
Afrodita estaba iracunda cuando recibió el agua, pues se dio cuenta, que aún temiéndola, todos ayudaban a la muchacha de alguna u otra manera, y decidió encomendarle otro trabajo que supondría una muerte segura para ella, pues era conocido por todos, que los seres humanos podían descender al inframundo, pero que nadie podía regresar de el. Así que Afrodita ordenó a Psyché que visitara a la reina Perséfone para pedirle que le entregara parte de su belleza. Una vez más, la muchacha pensó en suicidarse, pues ese era el camino más rápido para llegar al inframundo, y empezó a subir los peldaños de una torre para lanzarse al vacío, pero en esto que la torre le hablo y le dijo: No desesperes, puedes bajar al submundo y volver con vida si haces lo que te digo. Has de llevar dos pasteles de cebada y dos monedas. Los pasteles son para el perro de tres cabezas, Cerbero, quien despedazaría a cualquier que quisiera cruzar el camino si no le das de comer, y las monedas son para Caronte, el barquero que te cobrará por cruzarte de una a otra orilla del río Estigia. Sobre todo, no debes hacer caso a nadie, ni siquiera si te piden ayuda, pues eso hará que pierdas los pasteles. Si haces todo esto, Perséfone te entregará la caja de la belleza, y tú podrás volver con vida. Una última advertencia, nunca debes abrir la caja.

Psyché hizo lo que la torre le había dicho y bajó al inframundo, donde se encontró con un hombre que cargaba madera en un burro y que le pidió ayuda. Ella pasó de largo. Mientras cruzaba el río en la barca de Caronte, vio a un anciano ahogándose, pero ella permaneció sentada en la barca. Afrodita no dejaba de enviarle víctimas desvalidas para tentarla, pero incluso viendo morir a unos niños, la muchacha recordó que no debía ayudar a nadie.
Al final, llegó hasta Perséfone quien le entregó la caja. Pero en el camino de vuelta, cuando Psyché ya había pasado a Cerbero y Caronte la había cruzado al otro lado, la muchacha se imaginó otra vez al lado de Eros, y deseó tener un poco de la belleza de Perséfone y abrió la caja viendo que estaba llena de aire del inframundo el cual ella respiró, cayendo al suelo agonizante justo cuando sus pies tocaron la tierra.

Eros, que ya tenía la herida sanada y que vio como Psyché caía, voló hasta ella justo a tiempo de extraer el aire envenenado, (este es el momento que recoge la famosa estatua de Canova), y enfrentándose a su madre, llevó a su esposa delante de Zeus, a quien pidió que la convirtiera, junto a su hijo en dioses. Este accedió a su petición, pues nada podía negarle al hijo de uno de sus hijos, y ofreció Ambrosía, la bebida de los dioses a Psyché, cosa que la volvió inmortal, a ella y al bebé que portaba en sus entrañas.

La muchacha abandonó su vida de princesa terrenal, convirtiéndose en una de las diosas del Olimpo, como diosa de las almas o de la mente fría y para que pudiera seguir a Eros, Zeus la dotó de unas alas, pero en vez de ser emplumadas como las de su esposo, eran unas bellas alas de mariposa, para que pudieran volar juntos por toda la eternidad, junto a su hija Hedoné, (diosa del placer).